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Dublín. Día 1

Junio 12, 2009

Hay ciudades que no sabes cuánto añoras hasta que regresas a ellas. Como viejos amantes, vuelves a sentirte en paz. amado y aceptado por lo que eres. Que te exigen más en cada visita, pero que, a cambio, te ofrecen más aún de lo que te dieron la última vez.

Dublín es, sin duda, eso y mucho más para mí.

La amé sin conocerla, y la deseé cada noche desde que la leí. Y cuando al fin pisé sus calles, fue como si siempre hubiera estado en ella. Se te mete bajo la piel, y cuando la dejas, sin saber muy bien cuándo la volverás a ver, desliza una pequeña astilla de nostalgia bajo tus uñas. Para que no la olvides nunca. Aunque no creo que se pueda. Con o sin dolor en los dedos.

Y ahora estoy aquí, sentada en un banco del Trinity, sintiendo que, en el fondo, no me fui nunca. Como si hubiera paseado sus calles cada día y cada noche.

Pensaba recuperarla en este viaje, pero nunca me dejó ir. Y de nuevo puedo sentir que estoy en casa.

Y justo cuando pensabas que no podías querer más un lugar, te descubres pensando que la vida no podía ser mejor. Y que esta vieja y sucia ciudad, con sus nubes, y su lluvia, y su gris perenne en la mirada, parece haberte dedicado un glorioso rayo de sol sólo para ti.

Y el sabor amargo de la cerveza corre por tu garganta, reviviendo pedazos de ti que creías muertos, endulzando las heridas, calmando una sed que viene de más allá de tu garganta.

Y recuerdas la sonrisa de un desconocido que te ha calentado el corazón y las manos más de lo que han hecho los guantes, que llevas a pesar de ser 11 de junio.

Y en los altavoces suena “With or without you”, como eco a tus propios pensamientos, a tu anhelo. A tu deseo de cortar amarras y emprender un nuevo curso. Porque aquí no te sientes inmigrante, y el acento, the bloddy one, acaricia tus oídos como sólo la voz del mejor amigo puede hacer.

Dublín es mi sueño de una noche de verano, uno del que no quisiera despertar jamás.

Dublín es dejar volar la pluma tras años de sequía y descubrir que tu inspiración, tu musa, te esperaban en el O’Connell Bridge. Es vivir una vida de prestado para descubrir que era la tuya, que te esperaba en una extraña esquina, bajo una rosácea luz de neón. Es descubrir que lo muerto sigue vivo, y que su capacidad de sorprenderte y emocionarte sigue inatacta.

Un lugar: Hugh Lane Gallery. Imprescindible. El silencio, la colección, el edificio, el respeto, la gente. El recuerdo de conversaciones 7 años después.ç

Una lectura: James Joyce. “Ulysses”, “Dubliners”. Seguir los pasos de un loco, perseguir un sueño de inmortalidad que nunca termina. Vivir 24 horas anodinas y llenas de sentido. Despertar de un sueño en un momento, en una cena, en un postre. Descubrir si tu vida es lo que querrías, lo que querías, cuando sueñas con ella. Sentirte enfermo de amor. Descubrir de cuántas formas puede amarse. Cantar una oda a la vida a través de nuestros muertos. Celebrar la pasión y la incondicional belleza de nuestras vidas.

Un momento:  Cuando descubres que tus búsquedas en Internet no son de algo, son de alguien.

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¿Tanto nos parecemos?

Junio 4, 2009

Me encantan los gatos. En general. Me parecen divertidos, cariñosos, fieles e independientes. También me gustan los perros, ojo (de hecho mi primera mascota fue un pastor alemán al que tuvimos que dar cuando me sacaba a pasear volando), pero siempre supe que cuando me fuera de casa a vivir sola, tendría gatos. Bueno, en realidad quería uno. Y que fuera negro. Así que en cuanto me instalé en la casa que alquilo al banco, y alquilaré durante muchos miles de años, no tardé ni dos días en tener nuevo inquilino:

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Empezó siendo una pequeña bola de pelo negro que nunca maullaba y que se escondía detrás de la lavadora. O lo intentaba, porque decidí que nada de eso de darle no sé cuántos días para que se aclimatara a la casa y a mí. A la casa podía tardar lo que le diera la gana, pero la misma noche en que llegó íbamos a ser amigos. Por mis narices.

Ulysses es tierno y blandito, y suave. Y tiene el tamaño de una pequeña pantera, porque estoy segura de que dejó de ser gato hace mucho. No está gordo, no. Es Grande. Con mayúsculas. Es la almohada de los demás, y me usa a mí como almohada (hay toda una jerarquía montada en mi casa en la que, obviamente, yo ocupo el último lugar y Ulysses el más alto). Le gusta dormirse en el sofá abrazado a mí o encima de mi cara, no tiene problemas con ello. Le gustan Lost y Galáctica, y lo sé porque es con lo único con lo que presta atención a la tele. Sí, se queda despierto, sentado muy cómodo, mirando fijamente. Pero sobre todo se parece a mí en que es Torpe. También con mayúscula.

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Cuando era pequeño no sabía trepar al sofá. Le costaba saltar, y cuando se subía a la mesa existía una alta probabilidad de que acabara en el suelo si se empeñaba en caminar por el borde. Si le coges y le dejas caer puedes apostar a que, seguramente, acabe dándose un golpetazo. Me recibe con maullidos reprochadores que me recuerdan escenas de mujeres con rulos y rodillos esperando junto a la puerta. Y si paso demasiados días fuera, entonces ni me recibe. Le asustan los truenos y los relámpagos, los fuegos artificiales y la aspiradora. Tampoco es muy fan de la música alta. O de los globos. Antes ronroneaba como un motor, pero ya nunca lo hace. Como mucho emite un ruidito muy extraño. Y no es que esté a disgusto, es, simplemente, que dejó de hacerlo cuando llegó la segunda.

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Así de mona e inofensiva parecía Korma cuando llegó. Elegida hace dos años de entre un montón de gatitos, lo cierto es que no se vino sola. La acompañó Lila.

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Fui con mi pareja de entonces a elegir una gatita atigrada como regalo de cumpleaños, y elegimos a Korma. Pero la otra enana decidió que nada de eso, que ella también quería, y se metió en mi bolso. Si alguien me conoce no le sorprenderá saber que desde ese momento yo estaba perdida. Ni se me ocurrió sacarla del bolso y dejarla. Así que nos llevamos a las dos entre maullidos y ronroneos. En la visita obligada al veterinario ya empezamos a ver el carácter de cada cual. Lila se dejó hacer con carita de resignación, sin casi quejarse. Korma, en cambio, al ver cómo el veterinario clavaba una aguja a su hermanita, entró en frenesí. Sacaba las pequeñas patas por los huecos del enrejado del trasportín y así, apoyada por las axilas, en vilo, lanzaba manotazos con las uñitas a punto.

Pasado el primer trago, tocó el segundo. La casa nueva con rey en el trono. Les metimos en la misma habitación al rato. Ulysses bufó, Lila se escondió detrás de unmueble del susto y Korma…. se plantó delante de Ulysses, le bufó y le dio un pequeño manotazo. Y ese fue el comienzo de un amor y una adoración mutuas.

Korma era algo más arisca, pero en general era bastante cariñosa y alegre, y ronroneaba. Hasta que Lila se murió y se convirtió en una gata mucho más arisca. No dejaba que nadie, ni siquiera yo, se acercara a ella. Jamás salía a recibirme. No venía a por mimos. Sólo una excepción, cuando la castraron, que sólo comía de mi mano.

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Dos años después de todo eso, y gracias en parte a Didi, Korma vuelve a ser cariñosa. Se sube a mi regazo y sale a recibirme. Aparece cuando hay visita y bufa mucho menos que antes. Posiblemente nunca sea la misma que entonces, pero vamos mejorando. A cambio, me hace reír con su fetichismo por los complementos, especialmente bolsos y zapatos. Cada vez que alguien viene a casa, o que yo me compro unos nuevos, no se queda tranquila si no lo marca convenientemente. Se restriega y se restriega. Se duerme encima de los bolsos al menor descuido y adora meter la cabeza en los zapatos. Y devora, literalmente, los libros de Neil Gaiman. Sólo los de Neil Gaiman.

Después de lo que ocurrió con Lila pensaba que dos gatos eran más que suficientes, pero entonces me encontré a Didi en la estación de Atocha y, una vez más, estuve perdida. Y quien diga que él no, no tiene corazón…

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Si Ulysses es torpe y Korma independiente, Didi es… maniática. Le gusta el agua, mucho. Desde el primer día. A veces se mete en la ducha conmigo, otras, se deja caer en la bañera cuando está llena. O en el fregadero. Otras, simplemente, mete las patas en el cacharro del agua.

Ella no sale a recibirme, se espatarra en el salón o, mejor, en el cuarto de baño. Sí, es su habitación preferida. Y su rincón, donde esté la toalla del suelo. Que, or supuesto, debe estar extendida, a poder ser. O en el borde de la bañera, en segundo lugar. Pero nunca, nunca, nunca, encima de la papelera del baño. O maullará y maullará hasta que alguien la quite y la coloque bien. No, ella no puede. A pesar de que es casi tan alta como la papelera. ¿He dicho ya que es maniática?

Ella va a su aire, salvo para dormir. Por la noche, me refiero. Entonces, cuando cree que ya ha llegado la hora, viene a buscarme al salón. Se sube al dsofá, maúlla, ronronea, me mulle, se sienta sobre el teclado del portátil, se tumba sobre el libro o se planta delante de la tele. Lo que haga falta. Y cuando, rendida, accedo, empieza la otra pelea.

Porque a ella le gusta dormir dentro de la cama, debajo del edredón, en mi regazo. Pero sólo si miro hacia la pared. Si duermo sobre el lado derecho, mirando la estantería, entonces no. Pero no me deja hacerlo, así que maúlla, ronronea y me muerde el pelo hasta que me doy la vuelta. Y entonces es feliz. Lleva dos días enfadada porque por fin he quitado el edredón. Y lo echa de menos. Lo dicho, maniática…

Y es que va a ser verdad lo de que las mascotas se acaban pareciendo a sus amos, sólo que yo estoy dividida entre tres… Y sí, todos adoramos el pollo y lo echamos terriblemente de menos, antes os domingos eran día de festín…

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Que me aburro mucho, sí…

Mayo 5, 2009

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Cocido maragato

Abril 15, 2009

Las entradas se me acumulan. Las ideas amenazan con hacer estallar mi cabeza cual olla exprés y yo no parezco encontrar nunca el tiempo para sentarme y escribirlas. Así que, por falta de tiempo y por ser más vaga que donde las hacen, lo juntaré todo en una misma entrada. Como el cocido maragato, que tiene de todo y parece que nunca se acaba.

* Cuando se anunció que U2 vendrían también este año a España, casi salto de alegría. Cuando descartaron Madrid mis saltos eran algo menores, pero seguían allí. Cuando anunciaron la fecha del, en principio, único concierto que iban a dar aquí, mis saltos fueron cuidadosamente empaquetados y tirados a la basura. Y cuando vi los precios pensé que me estaban tomando el pelo. ¿150 euros? ¿De verdad? Además de asiento en el palco ¿qué te dan? ¿Una edición especial del último disco? (que por otro lado cuesta la friolera de 60 euros) ¿Entradas para la fiesta de después? ¿Un beso de tornillo de cada uno?

Sinceramente, no sólo me pareció un robo, sino también una tomadura de pelo. Vale, las descargas por Internet han bajado las ventas de los discos ( a ese precio ni sin Internet me lo iba a comprar, pero oye…). Vale, los músicos ganan dinero con los conciertos. Vale, sus puestas en escena son la leche y deben costar una pasta. Vale, pero es que yo me conformo con verles a los 4 tocando sus temas. No necesito un escenario de 360 grados con fuegos artificiales y demás. En serio. Y, sobre todo, una banda que se precia tanto de ser solidarios, de mirar por los más necesitados… ¿ponen los precios más altos de su vida a las entradas de sus conciertos en un año en que le gente no está teniendo ni para pipas? No, lo siento, lo mire por donde lo mire no tiene sentido, y me cabrea.

Tengo entrada para el segundo concierto en Barcelona. Y la tengo porque cuando llegué al trabajo aún quedaban de las de 30 euros. Más no iba a pagar. Pero no me gusta lo que han hecho. No puede gustarme. Sinceramente, esperaba otra cosa.

* Terminó Battlestar Galactica y a todos se nos quedó cara de tontos. No porque el final fuera malo, ojo, sino porque se cerraba la segunda mejor serie que he visto en mi vida. Y he visto unas cuantas. Y cada vez más. Creo que me he vuelto una yonqui de las series. Y trabajo para averiguar si eso es tan malo como me parece cuando lo veo escrito.

Hay robots, y naves, y viajes espaciales, sí. Pero BSG es mucho más que eso. Es un curso acelerado de teología, filosofía, psicología y antropología. Todo en uno. No es sólo una serie, es un tratado sobre una especia destinada a la extinción por su propia mano. Tiene momentos maravillosos que nos muestran lo mejor y lo peor de los seres humanos. Y debe ser vista por ello. En estos momentos leo un par de libros sobre BSG y la filosofía, sobre la serie y cómo ha cambiado muchas cosas desde su estreno, y no sólo en el panorama televisivo. Y lo mejor es que tiene sentido que se hayan escrito libros así. Sin duda.

* Miro atrás y hago repaso. Releo lo escrito hace un año y no puedo evitar que mi cabeza se mueva de un lado a otro, negando, viendo por primera vez todo lo que ha pasado en los últimos 365 días. Y esta vez el resultado no es ni la mitad de satisfactorio.

Hace dos años sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. Y me negué e hundirme por ello. Pelee con cada brazada, con cada respiración, dispuesta a salir de un agujero que, esta vez, no aceptaba como propio. Me obligué a mi misma a poder mirarme cada mañana en el espejo. A demostrarme que era más de lo que en ese momento pensaba de mí. Y no me hundí. Bien hecho.

Pero al año siguiente, confiada en el pequeño terruño que había logrado conquistar, me relajé. Y dejé de ver algunas de esas cosas que consideraba importantes.

Hace dos años cogí mis miedos, uno por uno, y los miré a la cara. les puse nombre, les puse origen y enumeré cada una de las consecuencias que podrían tener en mi vida. Y los aparté a un lado. Hace un año los cogí, porque estorbaban por ahí en medio, los encerré en el mismo baúl en el que encerraron a Ojoloco y los lancé muy lejos. Para que no volvieran a interferir. Pero cometí un error de cálculo. No los superé, simplemente los alejé de mí.

También decidí en aquel entonces hacerme más fuerte. Poner más barreras. Hacer más difícil que algo, o alguien, me hiciera daño. Y me construí una fortaleza casi inexpugnable. me senté allí, en medio de todas las vallas electrificadas, tranquila. Pero se me olvidó cómo se desconectaban. Y 365 días después no abandono mi sitio porque no sé si funciona sólo en un sentido, o en dos.

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Me propuse desmostrarme a mí misma que podía estar sola, y lo he hecho tan bien que me parece no necesitar demasiado a la gente. Estar un domingo por la tarde en casa ya no me agobia. Soy capaz de llenarla de cosas que hacer que no incluyan otros seres humanos. O al menos que no implique que tengan que estar sentados en el sofá de al lado.

Quise “recuperar” el tiempo y llené mis horas de actividades, no dejándome casi ni un segundo para respirar.Y mucho menos para ver a la gente.

En dos años tampoco he establecido una relación sentimental, o similar, verdadera. Porque no necesito nadie a mi lado ya para saber quién soy. En todo este tiempo sólo me he fijado en una clase de personas, aquellas con las que, mirado friamente, nunca iba a ir más allá. Cada uno por una razón distinta, pero que todos, en el fondo, sabíamos que estaba allí, descartando cualquier opción de lograr una intimidad real. Podían ser satisfactorias, pero no entrañaban un verdadero riesgo. Y lo he hecho tan bien que cuando esa seguridad ha sufrido peligro, he salido corriendo. En algún caso literalmente. Porque tenía otras cosas que hacer. Porque, ni en ese momento, él era una prioridad en mi vida.

Y no nos engañemos, todo esto tiene su parte buena. Soy más fuerte, más autosuficiente y con más confianza en mí de la que he tenido nunca. Los buenos momentos, la gente maravillosa que he conocido, han sido recibidos con los brazos abiertos. Y las decepciones han sido eso, decepciones, nada más. No grandes dramas, ni obstáculos a superar. sólo… incomodidades.

Pero me he vuelto más cínica de lo deseado. Más fría, más alejada. Este año me importa estar sola hoy porque sé que he sido yo la que ha decidido estarlo, la que ha puesto mil y una barreras para que fuera así. Este año no hay fiesta multitudinaria, ni cena familiar, y me molesta el hecho de que tampoco me importe tanto.

Es bueno tener un Pepito Grillo que, a veces desde la barrera y otras desde el ruedo, te diga cuándo debes luchar y cuándo rendirte. Incluso cuando no estás de acuerdo con él porque en ese momento no lo ves. Pero miro atrás y veo lo que he conseguido y esta vez no quiero rendirme. O no antes de empezar a luchar. Es posible que el acercamiento a las personas (en algunos casos un acercamiento mayor del que ya hay) entrañe riesgos, y resquebraje la fortaleza construida. Pero sinceramente creo que no tienen por qué ser vasos comunicantes.

Hace dos años quise cambiar y lo logré. Con menos daños colaterales de los que pensaba. O pensaban. No tengo motivos de queja, es cierto, pero sí los tengo para volver a cambiar. Para lograr un delicado equilibrio que puede costar mucho lograr. Pero no quiero que vuelva a sorprenderme el gesto cariñoso de alguien con quien tonteas hace tiempo (sorprendente porque el acercamiento siempre estaba protegido por esa barrera). No quiero que los miedos se queden en un baúl de 7 plantas y, en el olvido, les haga ganar la partida.

Y ahora soplaré las velas pensando en mi deseo. Sin esperar que se cumpla solo, sino comprando billetes de lotería, Arriesgándome, una vez más, como hice hace dos años, a meter la pata y tener que volver a empezar.

* Ohana means family, family means nobody gets left behind. Or forgotten

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Detalles

Marzo 3, 2009

Que yo me levante de buen humor no es algo que ocurra todos los días. Afortunadamente mis gatos no se molestan por mi falta de sociabilidad mañanera, pero cualquier otro ser humano acabaría por tirarme algo a la cabeza a la semana, más o menos. Y lo peor es que cada vez que lo consigo, lo de levantarme sonriendo y bailando, pasa algo que me lo fastidia antes de las 12 de la mañana.

Llevo dos días llegando tarde al trabajo. Ayer, por un atasco inesperado del que la radio no dijo ni mú. Hoy, por un cúmulo de circunstancias absurdas. Llevo ya varios años bajando al trabajo con la misma combinación de medios de transporte público, y he acabado por cogerle el truco a los horarios. Así que salgo con el tiempo milimetrado para no aguantar esperas entre uno y otro. Hasta que pasa algo. Hoy he llegado al Metro y el bonometro no me funcionaba. Así que a esperar el cambio de billete. Y he perdido el metro, claro. Ya llegaba con el tiempo muy justo para el tren, pero al ir a pasar por los tornos… ¡sorpresa! el abono tampoco funcionaba. Otro cambio, otra espera y otra pérdida. Y claro, cuando he llegado a Atocha y he salido a la calle el bus se estaba yendo… resultado, 10 minutos más tarde de mi hora tope entraba en la oficina. Ah sí, y el bonobús tampoco funcionaba… ¿cuál es la probabilidad de que fallen 3 billetes distintos el mismo día?

En los últimos días he hecho algunas compras por Internet. Cosas objetivamente inútiles pero que quería desde hacía tiempo. Porque de un tiempo a esta parte he decidido no comprarme casi nada de lo que creo querer en un primer momento. Lo dejo fermentar, y a los meses decido. Y funciona. En la cuneta he dejado algunas de esas cosas que crees querer pero que luego no echas en falta. Hoy, sin embargo,por fin he pedido a Amazon algo que mis estanterías y mi DVD echaban de menos. Algo que me va a hacer disfrutar muchas horas. Un joya.

Y mi régimen anda solo regular. Me da que me he estancado un poco este mes. Suele pasar, según parece, pero la bronquitis del mes pasado ya me fastidió la media, así que muy feliz no ando con el tema. Sin embarg, no hay que desesperarse.

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El rastrillo

Febrero 18, 2009

Siguiendo a Nur y Molécula, aquí está mi selección de objetos desechables, o intercambiables o como se diga.

Empezamos por los libros, algunos, que aún quedan por fotografiar. El precio, 50 céntimos cada uno. En general están en perfecto estado, algunos sin abrir. Uno está algo sucio, ya se ve en la foto, y los que más tienen es mi nombre y el año de lectura en la primera página… Ah, las fotos no son muy buenas, pero…

Podéis encontrarlas aquí y en breve aquí. Y quien quiera algo, que deje un comentario

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Objetivos (2)

Febrero 9, 2009

¿Quién dijo miedo habiendo hospitales?

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Esa frase no es mía, pero me gustó tanto cuando se la escuché a Imperator por primera vez que decidí no sólo hacerla mía, sino también seguirla en todo lo que pudiera.

Hace unos años le cogí pánico a los coches (aún hoy quedan resquicios) y la psicóloga que entonces me trataba tuvo la única buena idea de toda la terapia: exponerme al estímulo todo lo que pudiera. Bueno, que lo hicieran mis padres. Y funcionó, vaya si funcionó.

Ayer hice algo parecido. Por primera vez en 23 años me subí en un caballo. Me subí y estuve una hora dando clase. Al paso primero, aprendiendo a trotar después. Hoy me duele hasta la foto del DNI, pero mereció la pena. Porque me reí, me cansé, aprendí algo nuevo y, sobre todo, empecé a quitarme el miedo a los caballos. Y mi madre conmigo.

Primer objetivo (subirse en uno), cumplido. A partir de la semana que viene más objetivos en mente.

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Objetivos

Febrero 5, 2009

* Hace unos meses me hice el firme propósito de adelgazar. Primero probé a reducir mi dieta al mínimo, así como la ingesta de esos alimentos que es de conocimiento general que engordan. Me apunté a un gimnasio e iba religiosamente a él. Los resultados en cuestión de kilos y/o tallas fueron nulos, pero a cambio desarrollé una espalda que me hacía parecer aún más ancha. Y eso que no hacía pesas, sino sólo ejercicios aeróbicos.

Fui a las TdN y me destrocé la rodilla. El gimnasio pasó a mejor vida y mi espalda recuperó su tamaño normal, gracias al cielo. Pero los kilos seguían donde estaban. Así que una vez recuperada de la lesión, en octubre, decidí gastarme una pasta en unos análisis y probar una nueva dieta. La idea del gasto económico me grabó a fuego la importancia de lograrlo esta vez, o, al menos, de intentarlo en serio, a pesar de lo duro que pudiera ser. Cuando llegué a la consulta la médico me preguntó por mis objetivos. “Adelgazar”, respondí muy convencida. Pero claro, las cosas no son tan fáciles. ¿Adelgazar cuánto? ¿En cuánto tiempo?

Y me puse a pensar en ello cuando salí de allí con mi nueva dieta. El objetivo global era encontrarme a gusto conmigo cuando me mirara al espejo. Recuperar la ropa que había quedado arrinconada en el armario. Y con semejante objetivo en mente me conformé. Estar a gusto conmigo. Gran idea. Gran objetivo… Y una mierda, claro. Porque cuando te has pasado el último año reduciendo tus raciones al mínimo, intentando ser más delgada y lo único que has visto es cómo ganabas peso de forma constante, lo de estar a gusto se convierte en una especie de entelequia muy difícil de agarrar con las manos. Un mes después de empezar la dieta tuve una cita importante. Tenía que arreglarme. Salí de la ducha, me miré al espejo y me horroricé. Con una toalla, fui al armario, saqué el traje del entierro de mi tía y me lo probé… Bueno, no quedaba mal, pero no como cuando me lo compré. Por curiosidad saqué uno muy parecido una talla menor, me lo probé y, sorpresa, me valía perfectamente.

Cuando me compré ese traje y me miré en el espejo me gustó mucho lo que vi. Estaba muy a gusto con mi cuerpo. Pero ya no lo estaba. Lo de “estar a gusto” ya no valía. Había perdido la perspectiva, a un nivel muy inferior al de las anoréxicas, pero en la misma línea de pensamiento. Tenía que redefinir mis objetivos con la dieta. Y entonces se me ocurrió una idea.

Hace unos años fui a una boda de un familiar. Me compré un vestido muy bonito y muy caro (lo más caro que tengo en mi armario) que me gustaba mucho cómo me quedaba. Guardo un gran recuerdo de aquella noche, entre otras cosas porque estar metida en ese vestido me hacía sentir mucho más atractiva de lo que me había sentido en mi vida. O al menos en muchísimo tiempo. Y ese se convirtió en mi objetivo. Conseguir meterme en él de nuevo para la boda que tengo en abril. Lo hablé con la doctora y en vista de la talla del vestido decidimos acelerar la dieta, para que diera tiempo. Eso fue hace 3 semanas. Hoy, por curiosidad, me lo he probado. Y sí, me vale. Hasta me sobra un poco de tela en la espalda. Objetivo cumplido.

Aún así, no estoy del todo feliz. Aún me sobran kilos. Pero esta vez voy a acabar yo con ellos, no ellos conmigo.

* Este año me he propuesto hacer la lista de los libros leídos este año. Tengo pendiente hacer las entradas de “Alicia en el país de las maravillas”, “A través del espejo”, “Un gran chico” y alguna más… En breve.

*Como Nur y Molécula, he decidido deshacerme de unas cuantas cosas inútiles que andan por casa. Y de libros. En breve imágenes y demás.

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Las aventuras íntimas de Belle de Jour. Diario de una prostituta

Enero 8, 2009
  • _visd_0001jpg00cro1Autor Belle de Jour
  • Editorial Emecé
  • Páginas 356
  • Año 2006
  • Precio 18,50  €

Conocía la existencia de este libro hace tiempo, pero o no lo encontraba o me olvidaba de él cuando iba a una librería, así que poco a poco lo fui olvidando. Luego descubrí Secret Diary of a Call Girl, de la que ya hablé en su momento, y la serie me reavivó las ganas de leerlo. Pero no lo encontraba. A cambio, sí encontré el blog de Belle de Jour, del que me hice casi adicta. Y hace unos días, en Los Placeres de Lola, lo encontré. Nada más entrar por la puerta lo vi, y supe que iba a llevármelo.

Se leee muy rápido. En parte porque son entradas de diario, en parte porque lo que cuenta es interesante. Me gustó descubrir la fidelidad de la serie a él en cuanto a planteamientos vitales, porque algunos hechos están ligeramente variados (cuando ligeramente significa completamente). Es divertido, cínico, tierno, desenfadado y fresco, y además enseña uno o dos truquitos que no están nada mal. Me ha gustado, me ha hecho pasar un rato entretenido y el hecho de que me aporte un punto de vista diferente respecto al mundo de la prostitución me ha parecido interesante.

Y mientras espero el segundo libro, seguiré leyendo el blog.

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Nochebuena?

Diciembre 25, 2008

Debería estar dentro con mi familia. Riendo, bailando, cantando. Sin embargo la cabeza me mata, y el ánimo no acompaña. Siento como si me faltara algo. Y sé exactamente el qué. Hoy no es una buena noche, por mucho que la llamen así. Y lo peor es que podría haberlo sido.