
Tiempo de muda
Junio 4, 2007Las metamorfosis de los artrópodos nunca son fáciles ni divertidas, exigen un alto gasto energético, y que el animal en cuestión se coloque a sí mismo en una de las situaciones más peligrosas de su existencia. Pero ellos no pueden evitarlo, está en su programación genética. Es su forma de pasar a la madurez, de convertirse en adultos.
Nosotros también lo hacemos. No continuamente, pero vamos adaptándonos al medio, a los que nos rodean, a las vueltas que da la vida, a las alegrías y a las tristezas. Si tienes suerte encontrarás tu forma adulta en los primeros intentos, y luego solo tendrás que realizar pequeños ajustes. Si no, seguirás probando hasta que puedas ver la colección de exoesqueletos que has ido dejando a tu paso y pienses en lo hermosos, o no, que fueron, y en lo mucho más hermoso que es para ti el que ves en el espejo.
Pero la práctica no prepara para el desgaste energético, para la sensación de peligro y para el dolor. Cada día creas un escama nueva, tejes un hilo nuevo de la crisálida, y dejas una nueva parte de ti a la intemperie, mientras te preguntas cómo debería ser esa misma pieza en el nuevo modelo. Hay días en que arrancártelo es hasta placentero, un alivio, un desahogo. Otros, duele como si te echaran aceite hirviendo.
Pero poco a poco el dolor remite. Y sigues cansado y en peligro, pero recuerdas cómo era los primeros días y sonríes, porque tu nuevo esqueleto es más fuerte y resistente. Y la apariencia más hermosa.
Hay días mejores y días peores. Días alegres y días tristes. Pero tienes que apretar los dientes y aguantar el tirón, sabiendo, recordándote, que puedes hacerlo, que eres lo suficientemente fuerte, que has aprendido lo necesario, que todo va a acabar bien. Y, cuando tengas dudas y las piernas te flaqueen y la voluntad se rompa, entonces piensa en aquello en lo que te vas a convertir, en aquello en lo que ya eres que no eras antes.
La recompensa es demasiado hermosa como para no tenerla en cuenta.


Oh, qué cosa tan cojonuda. Compro.
Bingo.