
Legañas
Mayo 9, 2008Dios, qué sueño. Y me queda toda la jornada laboral por delante para que se me cierren los ojos delante de la pantalla.
Ha sido una gran noche, y un estupendo amanecer. Pero no sé si ya no tengo edad o Pepito Grillo se ha instalado permanentemente en mi hombro y no me deja hacer novillos. El caso es que aquí estoy, cansada, con la espalda hecha un ocho y con muy pocas ganas de trabajar hoy. Pero trabajando.
Es bueno tener sitios a los que ir de vez en cuando y, como Cheers, sentir que, de algún modo, son parte de ti. Es bueno tener un local donde te saluden por tu nombre, se alegren de verte y te pongan tu canción un par de veces por noche sin tener que pedirla. Y donde te dejen ya pasar detrás de la barra a servir las últimas.
Hoy lo he pasado genial, y he recordado lo divertido que es ir con un chico que baile y no tenga miedo al ridículo. Y que, además, lo haga bien.
Hemos bailado, reído, cantado como locos, y hablado hasta quedarnos sin voz. Qué gusto. Y, en breve, más. Me caigo de sueño, pero firmaba sin dudarlo por otra noche más así.