
Dublín. Día 1
Junio 12, 2009Hay ciudades que no sabes cuánto añoras hasta que regresas a ellas. Como viejos amantes, vuelves a sentirte en paz. amado y aceptado por lo que eres. Que te exigen más en cada visita, pero que, a cambio, te ofrecen más aún de lo que te dieron la última vez.
Dublín es, sin duda, eso y mucho más para mí.
La amé sin conocerla, y la deseé cada noche desde que la leí. Y cuando al fin pisé sus calles, fue como si siempre hubiera estado en ella. Se te mete bajo la piel, y cuando la dejas, sin saber muy bien cuándo la volverás a ver, desliza una pequeña astilla de nostalgia bajo tus uñas. Para que no la olvides nunca. Aunque no creo que se pueda. Con o sin dolor en los dedos.
Y ahora estoy aquí, sentada en un banco del Trinity, sintiendo que, en el fondo, no me fui nunca. Como si hubiera paseado sus calles cada día y cada noche.
Pensaba recuperarla en este viaje, pero nunca me dejó ir. Y de nuevo puedo sentir que estoy en casa.
Y justo cuando pensabas que no podías querer más un lugar, te descubres pensando que la vida no podía ser mejor. Y que esta vieja y sucia ciudad, con sus nubes, y su lluvia, y su gris perenne en la mirada, parece haberte dedicado un glorioso rayo de sol sólo para ti.
Y el sabor amargo de la cerveza corre por tu garganta, reviviendo pedazos de ti que creías muertos, endulzando las heridas, calmando una sed que viene de más allá de tu garganta.
Y recuerdas la sonrisa de un desconocido que te ha calentado el corazón y las manos más de lo que han hecho los guantes, que llevas a pesar de ser 11 de junio.
Y en los altavoces suena “With or without you”, como eco a tus propios pensamientos, a tu anhelo. A tu deseo de cortar amarras y emprender un nuevo curso. Porque aquí no te sientes inmigrante, y el acento, the bloddy one, acaricia tus oídos como sólo la voz del mejor amigo puede hacer.
Dublín es mi sueño de una noche de verano, uno del que no quisiera despertar jamás.
Dublín es dejar volar la pluma tras años de sequía y descubrir que tu inspiración, tu musa, te esperaban en el O’Connell Bridge. Es vivir una vida de prestado para descubrir que era la tuya, que te esperaba en una extraña esquina, bajo una rosácea luz de neón. Es descubrir que lo muerto sigue vivo, y que su capacidad de sorprenderte y emocionarte sigue inatacta.
Un lugar: Hugh Lane Gallery. Imprescindible. El silencio, la colección, el edificio, el respeto, la gente. El recuerdo de conversaciones 7 años después.ç
Una lectura: James Joyce. “Ulysses”, “Dubliners”. Seguir los pasos de un loco, perseguir un sueño de inmortalidad que nunca termina. Vivir 24 horas anodinas y llenas de sentido. Despertar de un sueño en un momento, en una cena, en un postre. Descubrir si tu vida es lo que querrías, lo que querías, cuando sueñas con ella. Sentirte enfermo de amor. Descubrir de cuántas formas puede amarse. Cantar una oda a la vida a través de nuestros muertos. Celebrar la pasión y la incondicional belleza de nuestras vidas.
Un momento: Cuando descubres que tus búsquedas en Internet no son de algo, son de alguien.

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Lo mío es con Irlanda al completo, no sólo con Dublín. De hecho he estado varias veces y nunca le he dedicado tiempo a Dublín.