
Las promesas están para romperse
Junio 8, 2008Y los planes para no cumplirse. O para que, al menos yo, los mande al traste cada poco tiempo y me líe la manta a la cabeza, para aparecer donde no se me esperaba.
Esta semana estaba planeado un viaje de buceo y cervezas. De momento lo que se ha cumplido han sido las cervezas. Y aunque echo de menos el mar (siempre que no estoy en él lo echo de menos, así que no es raro, ni nuevo, ni horripilante), cada vez que levanto la vista del ordenador sonrío contemplando los contrastes del azul del cielo y el verde de lo que aquí no llega a arboleda pero que yo prefiero imaginar como insinuación del bosque.
Me gusta moverme de casa y disfrutar de otros paisajes. Me gusta compararlos con el que veo yo en casa y apreciar sus diferencias. Y también todas esas pequeñas cosas que hay en común y que no pueden sino despertarte una sonrisa.
Cuando cambias un plan te arriesgas siempre a que el paisaje no te guste, o no te acoja bien. Puede ser una experiencia maravillosa o un absoluto desastre, no puedes saberlo con antelación. Y, sin embargo, nos arriesgamos muchas veces, cruzando los dedos para despertar una sonrisa al menos.
Hay promesas hechas a uno mismo que para romper hay que arriesgarse también. Y sabes que puede ser maravilloso o un absoluto desastre. ¿Por qué entonces nos cuesta más dar el paso?