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Objetivos (2)

Febrero 9, 2009

¿Quién dijo miedo habiendo hospitales?

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Esa frase no es mía, pero me gustó tanto cuando se la escuché a Imperator por primera vez que decidí no sólo hacerla mía, sino también seguirla en todo lo que pudiera.

Hace unos años le cogí pánico a los coches (aún hoy quedan resquicios) y la psicóloga que entonces me trataba tuvo la única buena idea de toda la terapia: exponerme al estímulo todo lo que pudiera. Bueno, que lo hicieran mis padres. Y funcionó, vaya si funcionó.

Ayer hice algo parecido. Por primera vez en 23 años me subí en un caballo. Me subí y estuve una hora dando clase. Al paso primero, aprendiendo a trotar después. Hoy me duele hasta la foto del DNI, pero mereció la pena. Porque me reí, me cansé, aprendí algo nuevo y, sobre todo, empecé a quitarme el miedo a los caballos. Y mi madre conmigo.

Primer objetivo (subirse en uno), cumplido. A partir de la semana que viene más objetivos en mente.

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Objetivos

Febrero 5, 2009

* Hace unos meses me hice el firme propósito de adelgazar. Primero probé a reducir mi dieta al mínimo, así como la ingesta de esos alimentos que es de conocimiento general que engordan. Me apunté a un gimnasio e iba religiosamente a él. Los resultados en cuestión de kilos y/o tallas fueron nulos, pero a cambio desarrollé una espalda que me hacía parecer aún más ancha. Y eso que no hacía pesas, sino sólo ejercicios aeróbicos.

Fui a las TdN y me destrocé la rodilla. El gimnasio pasó a mejor vida y mi espalda recuperó su tamaño normal, gracias al cielo. Pero los kilos seguían donde estaban. Así que una vez recuperada de la lesión, en octubre, decidí gastarme una pasta en unos análisis y probar una nueva dieta. La idea del gasto económico me grabó a fuego la importancia de lograrlo esta vez, o, al menos, de intentarlo en serio, a pesar de lo duro que pudiera ser. Cuando llegué a la consulta la médico me preguntó por mis objetivos. “Adelgazar”, respondí muy convencida. Pero claro, las cosas no son tan fáciles. ¿Adelgazar cuánto? ¿En cuánto tiempo?

Y me puse a pensar en ello cuando salí de allí con mi nueva dieta. El objetivo global era encontrarme a gusto conmigo cuando me mirara al espejo. Recuperar la ropa que había quedado arrinconada en el armario. Y con semejante objetivo en mente me conformé. Estar a gusto conmigo. Gran idea. Gran objetivo… Y una mierda, claro. Porque cuando te has pasado el último año reduciendo tus raciones al mínimo, intentando ser más delgada y lo único que has visto es cómo ganabas peso de forma constante, lo de estar a gusto se convierte en una especie de entelequia muy difícil de agarrar con las manos. Un mes después de empezar la dieta tuve una cita importante. Tenía que arreglarme. Salí de la ducha, me miré al espejo y me horroricé. Con una toalla, fui al armario, saqué el traje del entierro de mi tía y me lo probé… Bueno, no quedaba mal, pero no como cuando me lo compré. Por curiosidad saqué uno muy parecido una talla menor, me lo probé y, sorpresa, me valía perfectamente.

Cuando me compré ese traje y me miré en el espejo me gustó mucho lo que vi. Estaba muy a gusto con mi cuerpo. Pero ya no lo estaba. Lo de “estar a gusto” ya no valía. Había perdido la perspectiva, a un nivel muy inferior al de las anoréxicas, pero en la misma línea de pensamiento. Tenía que redefinir mis objetivos con la dieta. Y entonces se me ocurrió una idea.

Hace unos años fui a una boda de un familiar. Me compré un vestido muy bonito y muy caro (lo más caro que tengo en mi armario) que me gustaba mucho cómo me quedaba. Guardo un gran recuerdo de aquella noche, entre otras cosas porque estar metida en ese vestido me hacía sentir mucho más atractiva de lo que me había sentido en mi vida. O al menos en muchísimo tiempo. Y ese se convirtió en mi objetivo. Conseguir meterme en él de nuevo para la boda que tengo en abril. Lo hablé con la doctora y en vista de la talla del vestido decidimos acelerar la dieta, para que diera tiempo. Eso fue hace 3 semanas. Hoy, por curiosidad, me lo he probado. Y sí, me vale. Hasta me sobra un poco de tela en la espalda. Objetivo cumplido.

Aún así, no estoy del todo feliz. Aún me sobran kilos. Pero esta vez voy a acabar yo con ellos, no ellos conmigo.

* Este año me he propuesto hacer la lista de los libros leídos este año. Tengo pendiente hacer las entradas de “Alicia en el país de las maravillas”, “A través del espejo”, “Un gran chico” y alguna más… En breve.

*Como Nur y Molécula, he decidido deshacerme de unas cuantas cosas inútiles que andan por casa. Y de libros. En breve imágenes y demás.

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Las aventuras íntimas de Belle de Jour. Diario de una prostituta

Enero 8, 2009
  • _visd_0001jpg00cro1Autor Belle de Jour
  • Editorial Emecé
  • Páginas 356
  • Año 2006
  • Precio 18,50  €

Conocía la existencia de este libro hace tiempo, pero o no lo encontraba o me olvidaba de él cuando iba a una librería, así que poco a poco lo fui olvidando. Luego descubrí Secret Diary of a Call Girl, de la que ya hablé en su momento, y la serie me reavivó las ganas de leerlo. Pero no lo encontraba. A cambio, sí encontré el blog de Belle de Jour, del que me hice casi adicta. Y hace unos días, en Los Placeres de Lola, lo encontré. Nada más entrar por la puerta lo vi, y supe que iba a llevármelo.

Se leee muy rápido. En parte porque son entradas de diario, en parte porque lo que cuenta es interesante. Me gustó descubrir la fidelidad de la serie a él en cuanto a planteamientos vitales, porque algunos hechos están ligeramente variados (cuando ligeramente significa completamente). Es divertido, cínico, tierno, desenfadado y fresco, y además enseña uno o dos truquitos que no están nada mal. Me ha gustado, me ha hecho pasar un rato entretenido y el hecho de que me aporte un punto de vista diferente respecto al mundo de la prostitución me ha parecido interesante.

Y mientras espero el segundo libro, seguiré leyendo el blog.

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Nochebuena?

Diciembre 25, 2008

Debería estar dentro con mi familia. Riendo, bailando, cantando. Sin embargo la cabeza me mata, y el ánimo no acompaña. Siento como si me faltara algo. Y sé exactamente el qué. Hoy no es una buena noche, por mucho que la llamen así. Y lo peor es que podría haberlo sido.

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Decepción

Diciembre 10, 2008

(Del lat. deceptĭo, -ōnis).

1. f. Pesar causado por un desengaño.

2. f. engaño (falta de verdad).

Venga, de vuelta a la cueva.

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Mis dos céntimos de sabiduría

Diciembre 5, 2008

Ayer fui a mi primera revisión del nuevo régimen. Sí, ese que me quitaba el pavo y el pollo, alimentos básicos de mi dieta de los últimos años. Que había bajado de volumen lo tenía más o menos claro (que una nunca sabe si ve lo que hay o lo que quiere ver en estos casos), pero lo del peso no lo tenía yo tan claro. Y mira tú por dónde que la báscula, ese peligroso enemigo de las últimas décadas, se convirtió en mi mejor amiga. 4 kilos y medio. Sin pasar hambre, sin hacer un esfuerzo titánico, sin cumplirlo a rajatabla. Me dijo la médico que ahora se ralentizaría, pero el subidón de ayer fue una de las mejores noticias médicas que he tenido en los últimos años. Y es lo que me va a mantener en el buen camino. Sí, a veces necesitamos recompensas externas, y sientan de puta madre cuando las recibes.

Así que sí, es un régimen caro de empezar, y a veces cuesta un poco recordar qué no puedes comer a la vez, o mirar todos los ingredientes de lo que venden en el supermercado (¿sabéis cuántos millones de cosas llevan soja?), pero, por los dioses de Kobol, ha merecido la pena. Sin duda. Me quito el sombrero ante quien tuviera la idea en primer lugar, que tendrá mi agradecimiento eterno. Así que si alguno está la mitad de desesperado de lo que yo estaba, y se lo está planteando, mi recomendación sin paliativos es que lo pruebe. El primer céntimo.

A veces hacemos las cosas más difíciles de lo que realmente son. Y no por mala idea o ganas de embrollar la madeja, sino simplemente porque hemos perdido la práctica, o nunca la tuvimos, o porque el pasado lastra el vuelo. La ecdisis que comenzó hace año y medio se ha completado, todo lo que se pueda dar por completado un ciclo así. Ahora lo sé. Me miro y me conozco, y eso no me pasaba hace mucho. No todos los cambios son buenos, algunas escamas de la piel no me gustan, ni hacen juego con el resto, así que toca mudar esas. O al menos mejorarlas. Pero esa es otra ecdisis.

Algo que me ha enseñado este tiempo es que hay cosas inevitables. Cosas que van a pasar sí o sí, o que no van a pasar. Luchar contra ello es cansado y vano, y dejan un vacío en tu interior cada vez que la vida te quita la razón de que todo se puede cambiar. Simplemente It’s not meant to be. Y hay que asumirlo y tirar para delante. Que el mundo tampoco se acaba por ello.

Las cosas deberían ser sencillas, claras, planas. Al menos algunas. Pero no lo son, porque nosotros las hacemos complejas. Y cuanto más las liamos menos posibilidades hay de cambiarlo todo, de hacer que salga bien. Y aunque te des cuenta a veces simplemente has complicado todo tanto que ya no encuentras el hilo del que tirar y que convertirá el desastre en algo limpio y claro.

Lo mejor que puedes hacer entonces es respirar hondo, alejarte de ello y mirar el cuadro en la lejanía, para ver si las manchas que ves forman un paisaje de Monet o no. Y empezar a construir algo nuevo desde allí. Que igual no es lo que querías, que igual no es el ideal que has estado acariciando todo este tiempo, pero que es lo que debe ser. Lo inevitable. Que no tiene por qué dejar de ser hermoso. El segundo céntimo.

Y eso voy a hacer. Voy a alejarme en la lejanía, voy a prestar atención. Y voy a repensar mi vida. Esta vez soy yo la que desaparece.

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Regalos

Noviembre 27, 2008

Algunos libros, cuando los descubrimos, o nos los descubren, se convierten automáticamente en algo más que meras historias. Las plabras impresas toman forma y cada vez que miramos su cubierta tenemos la sensación de que esta se transforma en precioso papel de envolver y un lazo que lo recubre. Son un regalo para nuestros días y noches inquietas. Quizás porque nos conmueve la belleza de sus páginas, o porque encontramos algo en ellos que habla, en el fondo, de cómo somos nosotros, de cómo vivimos algunas cosas. Son libros que, en mi caso, luego voy entregando a la gente que me importa porque creo que pueden disfrutar con ellos, y porque así podrán conocerme algo más. Incluso en aspectos que a veces no soy capaz de expresar con palabras.

Para mí, dos pequeñas joyas ocupan este lugar de honor. Y no, ninguna es el Ulysses.

El primero de ellos tiene el título de El Diario de Adán y Eva, está escrito por Mark Twain y relata la relación que los dos primeros humanos moradores de la tierra, según la Biblia, mantuvieron no sólo con el mundo, sino entre ellos. Es divertida, dulce, triste, entrañable, curiosa, tierna, absurda… Es la historia de un amor y un odio, de una relación predestinada y condenada desde el principio. Es el cuento de un descubrimiento. Y es el libro que más veces me ha hecho llorar, el que mejor habla del amor, tal y como yo lo entiendo.

El segundo es 84, Charing Cross Road y reúne las cartas que durante décadas se enviaron la escritora norteamericana Helene Hanff y algunas de las personas cercanas a la librería Marks&Co, situada en la dirección londinense a la que alude el título. A veces son inconexas, otras simplemente locas, pero todas ellas demuestran una pasión desbordante por los libros. Con cada línea eres capaz de imaginarte cómo la autora escogía especialmente cada título, y cómo los almacenaba en su pequeña morada, como los atesoraba. Ninguna novela habla de lo que siento por los libros mejor que esta recopilación de epístolas.

Son libros pequeños, muy pequeños, que se leen de una sentada. Y que releo cada cierto tiempo. EL otro día fue el de Hanff, hoy, posiblemente, sea el de Twain. Son hermosos, cercanos, queridos. Y a pesar de que quisiera que todo el mundo disfrutara de ellos, no los regalo a cualquiera. Quizás no lo sepan, pero las personas que de mí los reciben están recibiendo algo más que cuartillas emborronadas, están recibiendo una parte de mí, una declaración de mi amor (carnal o no) por ellos.

Tengo en mi casa un ejemplar de cada, con dueño, esperando el momento adecuado. Y, sin embargo, y a pesar de todo lo dicho, no puedo evitar poner sólo un fragmento de la delicia de Twain.

Lunes.- Este animal nuevo, de larga cabellera, está resultando muy entremetido. Siempre merodea en torno mío y me sigue a donde yo voy. Esto me desagrada; no estoy acostumbrado a tener compañía. Debería quedarse con los demás animales. El día está nublado y sopla viento del Este; creo que tendremos lluvia. ¿Tendremos? ¿Nosotros? ¿De dónde he sacado yo esto de nosotros? Ya caigo. Así es como habla el animal nuevo.

Extracto del Diario de Adán

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Bueno es soñar

Noviembre 24, 2008

Bueno es soñar. Despertar es mejor
si se despierta en la mañana.
Si despertamos a la media noche,
es mejor soñar con el alba.

Más dulce el figurado petirrojo
que nunca alegró el árbol,
que enfrentarse a la solidez de un alba
que no conduce a día alguno.

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La forja de un presidente

Noviembre 5, 2008

En un día en el que no se habla prácticamente de otra cosa que de la victoria de Obama (lo cual supone un agradable cambio respecto a la omnipresente crisis) ha coincidido que yo haya comenzado y terminado la lectura de un nuevo cómic, que se ha convertido en un agradable descubrimiento. Oí hablar de él hace unos días, por aquello del Salón Internacional del Cómic y el Manga de Barcelona, pero no fui a comprarlo hasta ayer, y menos mal, porque sólo les quedaba uno.

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El argumento ahora no parece muy original, claro, pero hay que tener en cuenta que se publicó hace 10 años. Narra la historia de Kenneth Yamaoka, un senador americano de origen japonés, y su camino hacia la Casa Blanca como el primer candidato, demócrata, con orígenes japoneses.

Y este primer tomo, de cinco, me ha gustado. Y me ha dado ganas de revistar El Ala Oeste de la Casa Blanca.

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El traumatólogo y la traumática experiencia

Octubre 30, 2008

Pues acabo de volver del otro médico, y esta vez la resonancia se veía bien, sin problemas. Sí, al parecer me rompí parcialmente el ligamento, y por eso no me he recuperado del todo y sigo teniendo líquido donde no debería, pero debió ser pequeña y ya ha soldado. O eso dice él.

Así que nada de quirófanos y aprender a caminar de nuevo. Ya puedo hacer algo de deporte, sin pasarse y sin forzar, y seguir con mi vida normal. Y si no me molesta más, olvidarme de la rodilla. Y si sigue dando la lata, volver después de navidades.

Buen día de médicos. Lástima que esté tan cansada. Y para rematar, mi portátil llegará antes de lo previsto. Qué gusto de día, a ver si sigue igual lo que queda…