¡Uy!

Existen palabras que deberían estar prohibidas. O que, al menos, no deberían pronunciar nunca según qué profesionales. Porque no es lo mismo que un astronauta diga “Houston, tenemos un problema”, a que lo diga un cocinero, por ejemplo. Una de las que yo más temo es la interjeción “¡Uy!”. Sobre todo si se dice en voz bajita y débil. Pero no vale que la diga cualquiera para que me entren sudores fríos, no señor.

Si la dice un periodista lo que puedes esperar que signifique es “vaya, qué falta de ortografía más tonta” o “bueno, me he equivocado al decir que este señor había producido esta película”. En el primer caso casi nunca pasa nada, en el segundo dependerá de la calidad y las ganancias del largometraje en cuestión, porque no es lo mismo que te digan que eres el productor de Snakes in the Plane o el de V de Vendetta.

Si lo dice un taxista lo normal es que te hayas metido en un atasco, te hayas pasado la salida que debías coger o que los responsables de la obra de turno hayan decidido que las 5 es una buena hora para asfaltar y dejar una vía de 3 carriles en 1, el de la izquierda (con lo cual tienes atasco y no puedes coger tu salida). A tu bolsillo no le va a hacer gracia, pero fuera de eso no hay grandes consecuencias.

Pero… ¿y si lo dice un cirujano en medio de una operación? Entonces las consecuencias pueden ir del “vaya hemos abierto al tipo/el lado equivocado” hasta el “nos hemos dejado el bisturí dentro”, pasando por todas las opciones imaginables. Claro, que si tú eres la víctima de ese “¡Uy!” estarás en el séptimo cielo del sueño y no te enterarás de nada, y si te enteras… bueno, si te enteras el baile no va contigo, así que tampoco pasa nada.

De quien sí te enteras y lo sufres, y me provoca serios sudores fríos, es de las peluqueras. Porque el “¡Uy!” entonces solo puede significar una cosa: que ha cortado lo que no debía. En localización o en longitud. Y ya puedes ir olvidándote de tu larga melena, o tu bonito corte o lo que sea que llevaras y esperaras cuando cruzaste su puerta.

Y eso mismo me pasó ayer. Fui a la peluquería para cortarme un poco y peinarme para una boda y me encontré con un gran “¡Uy!” seguido de un “¿Confías en mí?”. ¿Y qué contestas a eso? ¿”Mira bonita, confiaba antes pero después de ver la longitud del mechón que me has cortado va a ser que no”? No, porque ya da igual. Solo te queda ponerte en sus manos y rezar para que lo que te haga no sea tan horrible como temes antes de levantar los ojos y mirarte al espejo.

Ahora luzco un corte “moderno y fresco”, que aunque todo el mundo se empeñó en decirme lo bien que me quedaba, yo no termino de ver. Porque para llevar el corte de pelo de Victoria Beckham, tienes que ser Victoria Beckham. Y disponer de su tiempo y su dinero para llevarlo con su gracia natural.

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Acerca de Tindriel

Geek, Freak, adicta a las series y los buenos libros, a veces creo que trabajo para poder seguir trabajando en mi tiempo libre.
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Una respuesta a ¡Uy!

  1. Imperator dijo:

    No creo que esa tía pueda ser modelo de nada.

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