Mis dos céntimos de sabiduría

Ayer fui a mi primera revisión del nuevo régimen. Sí, ese que me quitaba el pavo y el pollo, alimentos básicos de mi dieta de los últimos años. Que había bajado de volumen lo tenía más o menos claro (que una nunca sabe si ve lo que hay o lo que quiere ver en estos casos), pero lo del peso no lo tenía yo tan claro. Y mira tú por dónde que la báscula, ese peligroso enemigo de las últimas décadas, se convirtió en mi mejor amiga. 4 kilos y medio. Sin pasar hambre, sin hacer un esfuerzo titánico, sin cumplirlo a rajatabla. Me dijo la médico que ahora se ralentizaría, pero el subidón de ayer fue una de las mejores noticias médicas que he tenido en los últimos años. Y es lo que me va a mantener en el buen camino. Sí, a veces necesitamos recompensas externas, y sientan de puta madre cuando las recibes.

Así que sí, es un régimen caro de empezar, y a veces cuesta un poco recordar qué no puedes comer a la vez, o mirar todos los ingredientes de lo que venden en el supermercado (¿sabéis cuántos millones de cosas llevan soja?), pero, por los dioses de Kobol, ha merecido la pena. Sin duda. Me quito el sombrero ante quien tuviera la idea en primer lugar, que tendrá mi agradecimiento eterno. Así que si alguno está la mitad de desesperado de lo que yo estaba, y se lo está planteando, mi recomendación sin paliativos es que lo pruebe. El primer céntimo.

A veces hacemos las cosas más difíciles de lo que realmente son. Y no por mala idea o ganas de embrollar la madeja, sino simplemente porque hemos perdido la práctica, o nunca la tuvimos, o porque el pasado lastra el vuelo. La ecdisis que comenzó hace año y medio se ha completado, todo lo que se pueda dar por completado un ciclo así. Ahora lo sé. Me miro y me conozco, y eso no me pasaba hace mucho. No todos los cambios son buenos, algunas escamas de la piel no me gustan, ni hacen juego con el resto, así que toca mudar esas. O al menos mejorarlas. Pero esa es otra ecdisis.

Algo que me ha enseñado este tiempo es que hay cosas inevitables. Cosas que van a pasar sí o sí, o que no van a pasar. Luchar contra ello es cansado y vano, y dejan un vacío en tu interior cada vez que la vida te quita la razón de que todo se puede cambiar. Simplemente It’s not meant to be. Y hay que asumirlo y tirar para delante. Que el mundo tampoco se acaba por ello.

Las cosas deberían ser sencillas, claras, planas. Al menos algunas. Pero no lo son, porque nosotros las hacemos complejas. Y cuanto más las liamos menos posibilidades hay de cambiarlo todo, de hacer que salga bien. Y aunque te des cuenta a veces simplemente has complicado todo tanto que ya no encuentras el hilo del que tirar y que convertirá el desastre en algo limpio y claro.

Lo mejor que puedes hacer entonces es respirar hondo, alejarte de ello y mirar el cuadro en la lejanía, para ver si las manchas que ves forman un paisaje de Monet o no. Y empezar a construir algo nuevo desde allí. Que igual no es lo que querías, que igual no es el ideal que has estado acariciando todo este tiempo, pero que es lo que debe ser. Lo inevitable. Que no tiene por qué dejar de ser hermoso. El segundo céntimo.

Y eso voy a hacer. Voy a alejarme en la lejanía, voy a prestar atención. Y voy a repensar mi vida. Esta vez soy yo la que desaparece.

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Acerca de Tindriel

Geek, Freak, adicta a las series y los buenos libros, a veces creo que trabajo para poder seguir trabajando en mi tiempo libre.
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8 respuestas a Mis dos céntimos de sabiduría

  1. Vane dijo:

    Mmmmmmm espero que no del todo 😉

  2. kalruth dijo:

    Lo mismo digo

  3. Kilmenir dijo:

    Y a ver si la proxima vez te alejas hacia donde estoy y nos vemos.

  4. Tindriel dijo:

    No, no desaparezco para siempre. Sólo un poco. Para tomar aire y pensar.

  5. mOlecula dijo:

    Hay muchas formas de pensar. Elige la que mejor te venga. Si dudas entre varias, estaré al alcance de la mano todo el rato.
    A veces, las cosas cambian. Ya sé que es increíble, que parece imposible pero, a veces, pasa.

  6. Tindriel dijo:

    Sé que estás ahí, mi niña. Lo sé. Y sé que tú sabes que soy consciente de ello. No sólo de que estés, sino de cuánto has estado en estos últimos tiempos. Pero hay sapos que hay que tragarse en solitario y llamar solo cuando ha empezado la digestión. ¿Dónde están los 600 kilómetros de nada a la redonda cuando se les necesita? 😉

  7. pedazos dijo:

    Tienes razon. Aveces tienes que parar y decir, “espera, de donde venia esto?”. Es como cuando empiezas a discutir y lo lias tanto que ya no sabes cual era el motivo principal.
    Respira. Y respira hasta que todo te sea claro.

  8. kalruth dijo:

    ¿Dónde están los 600 kilómetros de nada a la redonda cuando se les necesita? …… uhm, y yo que estoy ajusto a esta distancia….:/

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