Cocido maragato

Las entradas se me acumulan. Las ideas amenazan con hacer estallar mi cabeza cual olla exprés y yo no parezco encontrar nunca el tiempo para sentarme y escribirlas. Así que, por falta de tiempo y por ser más vaga que donde las hacen, lo juntaré todo en una misma entrada. Como el cocido maragato, que tiene de todo y parece que nunca se acaba.

* Cuando se anunció que U2 vendrían también este año a España, casi salto de alegría. Cuando descartaron Madrid mis saltos eran algo menores, pero seguían allí. Cuando anunciaron la fecha del, en principio, único concierto que iban a dar aquí, mis saltos fueron cuidadosamente empaquetados y tirados a la basura. Y cuando vi los precios pensé que me estaban tomando el pelo. ¿150 euros? ¿De verdad? Además de asiento en el palco ¿qué te dan? ¿Una edición especial del último disco? (que por otro lado cuesta la friolera de 60 euros) ¿Entradas para la fiesta de después? ¿Un beso de tornillo de cada uno?

Sinceramente, no sólo me pareció un robo, sino también una tomadura de pelo. Vale, las descargas por Internet han bajado las ventas de los discos ( a ese precio ni sin Internet me lo iba a comprar, pero oye…). Vale, los músicos ganan dinero con los conciertos. Vale, sus puestas en escena son la leche y deben costar una pasta. Vale, pero es que yo me conformo con verles a los 4 tocando sus temas. No necesito un escenario de 360 grados con fuegos artificiales y demás. En serio. Y, sobre todo, una banda que se precia tanto de ser solidarios, de mirar por los más necesitados… ¿ponen los precios más altos de su vida a las entradas de sus conciertos en un año en que le gente no está teniendo ni para pipas? No, lo siento, lo mire por donde lo mire no tiene sentido, y me cabrea.

Tengo entrada para el segundo concierto en Barcelona. Y la tengo porque cuando llegué al trabajo aún quedaban de las de 30 euros. Más no iba a pagar. Pero no me gusta lo que han hecho. No puede gustarme. Sinceramente, esperaba otra cosa.

* Terminó Battlestar Galactica y a todos se nos quedó cara de tontos. No porque el final fuera malo, ojo, sino porque se cerraba la segunda mejor serie que he visto en mi vida. Y he visto unas cuantas. Y cada vez más. Creo que me he vuelto una yonqui de las series. Y trabajo para averiguar si eso es tan malo como me parece cuando lo veo escrito.

Hay robots, y naves, y viajes espaciales, sí. Pero BSG es mucho más que eso. Es un curso acelerado de teología, filosofía, psicología y antropología. Todo en uno. No es sólo una serie, es un tratado sobre una especia destinada a la extinción por su propia mano. Tiene momentos maravillosos que nos muestran lo mejor y lo peor de los seres humanos. Y debe ser vista por ello. En estos momentos leo un par de libros sobre BSG y la filosofía, sobre la serie y cómo ha cambiado muchas cosas desde su estreno, y no sólo en el panorama televisivo. Y lo mejor es que tiene sentido que se hayan escrito libros así. Sin duda.

* Miro atrás y hago repaso. Releo lo escrito hace un año y no puedo evitar que mi cabeza se mueva de un lado a otro, negando, viendo por primera vez todo lo que ha pasado en los últimos 365 días. Y esta vez el resultado no es ni la mitad de satisfactorio.

Hace dos años sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies. Y me negué e hundirme por ello. Pelee con cada brazada, con cada respiración, dispuesta a salir de un agujero que, esta vez, no aceptaba como propio. Me obligué a mi misma a poder mirarme cada mañana en el espejo. A demostrarme que era más de lo que en ese momento pensaba de mí. Y no me hundí. Bien hecho.

Pero al año siguiente, confiada en el pequeño terruño que había logrado conquistar, me relajé. Y dejé de ver algunas de esas cosas que consideraba importantes.

Hace dos años cogí mis miedos, uno por uno, y los miré a la cara. les puse nombre, les puse origen y enumeré cada una de las consecuencias que podrían tener en mi vida. Y los aparté a un lado. Hace un año los cogí, porque estorbaban por ahí en medio, los encerré en el mismo baúl en el que encerraron a Ojoloco y los lancé muy lejos. Para que no volvieran a interferir. Pero cometí un error de cálculo. No los superé, simplemente los alejé de mí.

También decidí en aquel entonces hacerme más fuerte. Poner más barreras. Hacer más difícil que algo, o alguien, me hiciera daño. Y me construí una fortaleza casi inexpugnable. me senté allí, en medio de todas las vallas electrificadas, tranquila. Pero se me olvidó cómo se desconectaban. Y 365 días después no abandono mi sitio porque no sé si funciona sólo en un sentido, o en dos.

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Me propuse desmostrarme a mí misma que podía estar sola, y lo he hecho tan bien que me parece no necesitar demasiado a la gente. Estar un domingo por la tarde en casa ya no me agobia. Soy capaz de llenarla de cosas que hacer que no incluyan otros seres humanos. O al menos que no implique que tengan que estar sentados en el sofá de al lado.

Quise “recuperar” el tiempo y llené mis horas de actividades, no dejándome casi ni un segundo para respirar.Y mucho menos para ver a la gente.

En dos años tampoco he establecido una relación sentimental, o similar, verdadera. Porque no necesito nadie a mi lado ya para saber quién soy. En todo este tiempo sólo me he fijado en una clase de personas, aquellas con las que, mirado friamente, nunca iba a ir más allá. Cada uno por una razón distinta, pero que todos, en el fondo, sabíamos que estaba allí, descartando cualquier opción de lograr una intimidad real. Podían ser satisfactorias, pero no entrañaban un verdadero riesgo. Y lo he hecho tan bien que cuando esa seguridad ha sufrido peligro, he salido corriendo. En algún caso literalmente. Porque tenía otras cosas que hacer. Porque, ni en ese momento, él era una prioridad en mi vida.

Y no nos engañemos, todo esto tiene su parte buena. Soy más fuerte, más autosuficiente y con más confianza en mí de la que he tenido nunca. Los buenos momentos, la gente maravillosa que he conocido, han sido recibidos con los brazos abiertos. Y las decepciones han sido eso, decepciones, nada más. No grandes dramas, ni obstáculos a superar. sólo… incomodidades.

Pero me he vuelto más cínica de lo deseado. Más fría, más alejada. Este año me importa estar sola hoy porque sé que he sido yo la que ha decidido estarlo, la que ha puesto mil y una barreras para que fuera así. Este año no hay fiesta multitudinaria, ni cena familiar, y me molesta el hecho de que tampoco me importe tanto.

Es bueno tener un Pepito Grillo que, a veces desde la barrera y otras desde el ruedo, te diga cuándo debes luchar y cuándo rendirte. Incluso cuando no estás de acuerdo con él porque en ese momento no lo ves. Pero miro atrás y veo lo que he conseguido y esta vez no quiero rendirme. O no antes de empezar a luchar. Es posible que el acercamiento a las personas (en algunos casos un acercamiento mayor del que ya hay) entrañe riesgos, y resquebraje la fortaleza construida. Pero sinceramente creo que no tienen por qué ser vasos comunicantes.

Hace dos años quise cambiar y lo logré. Con menos daños colaterales de los que pensaba. O pensaban. No tengo motivos de queja, es cierto, pero sí los tengo para volver a cambiar. Para lograr un delicado equilibrio que puede costar mucho lograr. Pero no quiero que vuelva a sorprenderme el gesto cariñoso de alguien con quien tonteas hace tiempo (sorprendente porque el acercamiento siempre estaba protegido por esa barrera). No quiero que los miedos se queden en un baúl de 7 plantas y, en el olvido, les haga ganar la partida.

Y ahora soplaré las velas pensando en mi deseo. Sin esperar que se cumpla solo, sino comprando billetes de lotería, Arriesgándome, una vez más, como hice hace dos años, a meter la pata y tener que volver a empezar.

* Ohana means family, family means nobody gets left behind. Or forgotten

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Acerca de Tindriel

Geek, Freak, adicta a las series y los buenos libros, a veces creo que trabajo para poder seguir trabajando en mi tiempo libre.
Esta entrada fue publicada en Metamorfosis, Mi vida, Reflexiones. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Cocido maragato

  1. mOlecula dijo:

    Y no lo vamos a celebrar? De ninguna manera?
    Pues vaya…
    Por cierto: siendo quisquillosa, lo de “En dos años tampoco he establecido una relación sentimental, o similar, verdadera” me ha molestado. Hijaputa. A ver dónde encajo yo en ese “o similar” que te has marcado.
    Confío sinceramente en que, tras leer esto, se te caiga la cara de verguenza dos minutos y después me llames para concretar dónde nos emborrachamos para celebrar tu cumpleaños.

  2. persefone dijo:

    ¿Que no lo vas a celebrar? Espero que eso no sea más que una falsa alarma y que al final recuperes la cordura. De todos modos, FELIZ CUMPLEAÑOS.

  3. Me parece a mí que lo que no se puede es estar en Santander cuando vienes de Gijón echando de menos Gijón. Por algo te habrás movido. Disfruta del cocido montañés, y luego decides en que ciudad estás más a gusto.

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