La ciudad que nunca duerme

Existen pocas ciudades de las que he conocido en mis 36 años de vida y viajes en las que me siento como en casa. Concretamente dos. No es que el resto no me gusten, que sí. Es, simplemente, que en ellas me siento mucho más turista de lo que me gustaría. Siempre tengo la sensación de estar de paso, de tener que aprovechar hasta el último minuto porque es muy posible que no vuelva a visitarlas. Aunque lo haga una y otra vez, como es el caso de Londres y París, o que tenga muy pocas ganas de volver a hacerlo. Sin embargo, con Dublín y Nueva York eso no me ocurre. Desde el primer día en ellas sentí como si tuviera una conexión especial con sus calles. Como si ya hubiera estado allí mil veces. Como si un delgado hilo plateado me hubiera estado atrayendo a ellas desde siempre. Y cada vez que las visito es la misma sensación. Una y otra vez. Y a ello ayuda la terrible certeza de que algo emocionante e interesante me ocurrirá en mi estancia en ellas. Y creo que siempre ha sido así.

Así que este año esperaba el viaje anual a Nueva York como agua de mayo. Y no me defraudó. Pensaba hacer un relato extenso de lo que fue, pero he cambiado de idea. Como tengo recuerdos borrosos de lo que hicimos cada día, señalaré las cosas más importantes, como una especie de guía de visitas/compras/cosas que hacer, pero me detendré más en los momentos importantes. En lo especial que tuvo esta visita.

ANÉCDOTAS

No hay visita a Nueva York en la que mi llegada haya sido tranquila y sosegada. La primera vez la limusina tuvo un pinchazo en medio de la autopista, a eso de las 12 de la noche. La segunda, el hotel nos había asignado una cama doble en vez de dos individuales. La tercera, al llegar al piso resultó que no teníamos las llaves para entrar. Y que el superintendent del edificio no llegaba de trabajar hasta las 11 de la noche. El resultado fue que mis padres durmieron en un hotel y yo en el piso sola. Mi primera noche en Manhattan sintiéndome una auténtica neoyorkina.

Visitando la exposición de Maurice Sendak descubrí que era el ilustrador de mis cuentos favoritos de cuando era pequeña: la serie de Osito. Creo que Howard Chaykin casi se muere de la risa viéndome los ojos brillantes y llorosos.

Sendak

Esta vez no hubo Wicked para mí, pero sí más teatro que otras veces. Tuve la suerte de ver Peter and the Star Catchers, que me encantó por el cariño con el que trata la mitología de Peter Pan, aunque le dé la vuelta mil veces. También The Book of Mormon, que me divirtió mucho y, aún así, no fue todo lo grandiosa que esperaba. Quizá porque se necesitaba más conocimientos de los mormones de los que yo tengo. Eso sí, musicalmente impresionante. The nance, que me encantó, simplemente.

Y, finalmente, First Date. Yo pensaba que iba a la segunda función tras su estreno. O eso decían que iba a ser cuando compré la entrada, allá por marzo. Y como era marzo y aún no se había estrenado, logré un buen asiento: fila 3 centrado. Y al teatro que me fui con mis vaqueros, mis zapatillas y mi mochila. Y cuando llegué todo estaba lleno de gente muy mayor y/o muy arreglada. Muchísimo. Vale, allí la gente se arregla para ir al teatro, pero no tanto. Y teniendo en cuenta que el target de la obra era claramente gente de entre 30 y 40 años, ¿qué narices hacían tantos de 50 para arriba allí? Pero a mí no me achica nadie, así que me metí en el teatro y, tras separar a dos que parecían un venerable matrimonio, pero que no lo eran, encontré mi sitio. y me senté, claro. Y empecé a mirar a mi alrededor con cara de ganso. Y con ojos como platos empecé a reconocer gente. Actores, el crítico teatral del New York Post… Y gente mayor. Mucha. En serio.

First Date

Y claro, como yo no puedo estar 3 días sin que me pase algo estaba claro que esto iba a ser raro. De narices. Así que una parte de mí no se sorprendió mucho (el resto de partes de mí lo compensaron con creces) cuando la señora de al lado me preguntó que si había ido sola. Y que cuál era mi relación con la gente de la obra. ¿Relación? ¿Yo? ¿Más allá de pagar por verlos? ¿Y de sueños eróticos con alguno? Pues iba a ser que no, que ninguna. Pero oye, te quedas pensando ¿no? Y cuando estás a punto de descartar todo lo que no cuadra en la escena que vives, y cuando las luces del teatro se atenúan, el señor de al lado inicia una conversación que termina de descolocarte:

-Espero que se lo pase bien con la obra.

-Sí, yo también. Pero estoy segura de que nos reiremos, las críticas de Seattle eran muy buenas.

-Aún así, si no se ríe tendré que regañar a mi nieto.

-… [ojos desencajados en este momento y lengua trabada del todo]

-Es que mi nieto es el protagonista, ¿sabe?

Y sí, poco a poco quedó claro que esta era la sesión para femiliares/amigos/críticos. La que se hace justo el día antes del esteno. Y en la que yo me había colado impunemente.

SITIOS QUE VISITAR

Chelsea-Times Square y Flatiron District.

El piso estaba en el barrio de Chelsea, que mis padres no conocían, así que lo primero que hicimos fue dar una vueltecita por él, para que se hicieran un poco con las calles y la localización de la vivienda. Chelsea no es mi barrio favorito de Manhattan, pero no por eso deja de tener su encanto. Es, junto al West Village, el epicentro del mundo gay neoyorkino, claramente visible en los dos millones de banderas multicolores que pueblan sus calles. En el Upper East Side y la Quinta tienen banderas americanas y aquí, las del arcoíris.

Times Square

Después, como hormigas, nos sentimos atraídos por Times Square, con sus millones de anuncios y luces y turistas y tiendas y… A mis padres les agobia. Yo la adoro. A pesar de todo.reconozco que es mareante, pero yo no puedo evitar visitarla casi cada día, a distintas horas. Entre las 7 y las 10 de la mañana es un lugar tranquilo, casi desierto. Puedes sentarte con tranquilidad en las escaleras en forma de grada que la dominan, o en alguna de las mesas que el Ayuntamiento ha puesto por todo Manhattan para que los neoyorkinos tengan sitios donde comer. Por la tarde está llena de turistas, lo cuál hace casi intransitables sus calles. Y de noche no es mucho mejor, pero si logras encontrar un sitio donde sentarte merece la pena pedir un café, o una botella de agua, y ver pasar a la gente. La mezcla es maravillosa y desconcertante.

El Flatiron District es la zona que rodea al Flatiron Building (original ¿eh?) que algunos frikis reconocerán por ser la sede del Daily Bugle. A mi madre le encanta. Hasta el punto de que no hubo día que no pasáramos por él. Palabra. Frente a él está Eataly, un enorme supermercado de alimentación italiana, que además tiene restaurantes temáticos, propiedad de Mario Batali, Lidia Bastianich y Joe Bastianich. Éste es uno de los tres jueces de la versión americana de MasterChef, así que como podréis suponer intenté comer allí. Como fue algo improvisado no teníamos reserva, así que creo que aún se están riendo de mí.

Financial District

Con mucho, el barrio que menos me gusta. Y no porque sea feo, que tampoco. Es simplemente porque se nota que no tiene alma. Al fin y al cabo es donde la gente trabaja, no donde viven, así que no es muy llamativo. Y la gente que hay por las calles son todos turistas. Todos. Cosas interesantes: La Bolsa, la Reserva Federal, el World Trade Center y la zona del Memorial (como nunca lo he visitado no sabría decir si el memorial merece la pena o no), el City Hall, Battery Park, Brooklyn Bridge. Cruzar el Puente de Brooklyn es un paseo largo pero bonito, aunque yo recomiendo hacerlo al revés, de Brooklyn a Manhattan. Las vistas son mucho mejores. Lo otro que hay que hacer es pillar el Ferry a Staten Island. Se pilla al lado del de la Estatua de la Libertad, es gratis, el trayecto dura 25 minutos y cruzas el Hudson hasta Staten Island, que no tiene demasiado que ver, así que toca darse la vuelta en cuanto se pueda (generalmente media hora después de llegar). Para ver la Estatua de la Libertad hay que colocarse a babor, o en la zona de la izquierda para los no marineros.

FinancialDistrict

Chinatown-Little Italy

La zona se sigue llamando Little Italy, pero ha quedado reducida a un par de calles y un par de restaurantes. El resto ha sido absorbido sin piedad por Chinatown. No son barrios bonitos (Little Italy lo fue en algún momento, pero ya os digo que ahora no), pero Chinatown tiene la gracia de los puestos de Canal Street. En ellos puedes encontrar colonias, souvenirs para turistas, joyerías que no están nada mal y gafas, bolsos y relojes de imitación. Y algunos que no lo son y que salen más baratos que en las tiendas. Al pasear por Canal Street os asaltarán millones de chinos al murmullo de “relojes, bolsos”. Son los que venden los originales a mucho  menor precio. Si asientes te llevan a un callejón, te enseñan un catálogo y, una vez que eliges y acuerdas un precio, mandan a alguien a por ellos. El riesgo, que a veces la Policía hace redadas y es más fácil que detengan a esos vendedores que a los de los puestos. Y nunca hay que olvidarse de regatear. Esta vez yo conseguí un bote de Flower by Kenzo, de los grandes, por 30 dólares.

West Village-High Line-Union Square

esta sí es mi zona favorita de Manhattan. Y por mucho que intente contaros por qué, fallaré de forma miserable casi seguro. El Village no tiene nada que ver con el resto de la isla. Es la zona de casas más bajas, pequeñas, incluso de esas con escaleritas que hemos visto en las series (Friends, Sexo en Nueva York). Es un barrio despejado, lleno de árboles y terrazas. De pequeños parques. Es apacible y divertido y paseable y de los que hacen que me siente a tomar un café a ver pasar a la gente. A su favor tiene además el Washington Square Park, que es una auténtica maravilla en la que sentarse a leer, o a escuchar a alguno de los músicos que van allí a tocar.

Washington_square_park

El High Line es una antigua línea de metro elevada reconvertida en parquecito. Va desde el Meatpacking District hasta Chelsea, y es un paseo muy recomendable. Además pasa justo al lado del Chelsea Market, que es una visita necesaria por muchas razones. La primera, por sus tiendas curiosas. La segunda, por el restaurante Morimoto, una delicia todo. La tercera, por el brownie de Sarabeth’s. El mejor que he probado en mi vida.

Union Square tiene ese algo sentimental para mí. No es una plaza bonita. No huele especialmente bien. Y, sin embargo, es uno de mis sitios preferidos de Nueva York. Quizá porque está justo en medio de uno de mis triángulos de tentaciones en la ciudad: Barnes&Noble, Strand y Forbidden Planet.

Upper West Side-Central Park-Upper East Side

La zona rica de Nueva York. En el West, en su versión bohemia. En el East Side, en su versión pija de buena familia. Curiosas las dos y merecedoras de una visita. Si se hace en el mismo día tiene la gracia de que se pueden comparar una y otra, y resulta muy curioso, la verdad. Ambas supuran pasta por todas sus esquinas, pero cada una a su modo.

Como cosas interesantes que ver el West Side tiene el Edificio Dakota (no hay cartel, pero está a la altura de la 72 con Central Park West, y el Edificio de los Cazafantasmas, en la 65. Y el Museo de Historia Natural, que sí merece una visita.

El Upper West Side tiene el Metropolitan Museum. Enorme, gigantesco, inabarcable e imprescindible. Aunque yo elegiría un par de secciones por visita. También está el Guggenheim, que merece una visita aunque sólo sea por su arquitectura. Evidentemente aquí están el 90% de las localizaciones de Gossip Girl, pero esas mejor no os las cuento. Eso sí, hay un par de sitios que merecen la pena. El primero es Serendipity, la cafetería/heladería/pastelería que aparece en la película del mismo nombre. La segunda, la Society of Illustrators. Es un edificio pequeño, que casi nadie conoce y que merece una visita por la colección gráfica que hay. No esperéis originales de Steve Ditko, sino todo tipo de ilustraciones y pinturas. Además organizan exposiciones muy interesantes. Yo tuve la suerte de visitar la que actualmente alojan de Maurice Sendak, y salí encantada.

umpire_rock

Central Park es la enormidad verde que hay en medio de Manhattan. Merece doscientos paseos por él. Merece tardes en las praderas viendo a los niños, y no tan niños, correr y jugar al baseball, leyendo, escuchando música y tomando el sol. Merece visitas al Carrusel, a las estatuas de Alicia en el País de las Maravillas y Hans Christian Andersen, al Zoo, al Azalea Pond, a la Bethesda Fountain y Terrace, a Umpire Rock… E imagino que también al Strawberry Fields, aunque es pequeño y siempre está lleno de gente haciéndose fotos.

Otros

Aquí podemos incluir aquí la Quinta Avenida. Tiendas, tiendas y tiendas. Y banderas. Y Tiffany&Co. Y el Rockefeller Center (que hay que ver). Y el Empire State, al que hay que subir. Y tiendas. Y gente. Y perritos calientes. y la Biblioteca Pública. Y detrás de ella, Bryant Park, y en frente, entre Madison y Park Avenue, la estación Grand Central. Y el Marble Cemetery. Y Madison Square Park. Y el Hudson Highway. Y los muelles. Y Tudor City. Y los teatros.

Marble

Y las tiendas: Forbidden Planet (aquí para las cosas de Doctor Who), Century 21 (cuanto más pronto mejor), Midtown Comics, Strand (imperdibles sus carritos en la calle y sus bolsas), HBO Store, NBC Store, cualquiera del Rockefeller Center, Magnolia Bakery, Sarabeth’s, Chelsea Market, Hershey’s, M&M, Eataly, las taquillas de TKTS, la Apple Store de la Quinta y de Grand central (porque molan), FAO Schwarz, Disney Store…

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Acerca de Tindriel

Geek, Freak, adicta a las series y los buenos libros, a veces creo que trabajo para poder seguir trabajando en mi tiempo libre.
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Una respuesta a La ciudad que nunca duerme

  1. niveel dijo:

    Cachis…. ahora tengo ganas de visitar New York…. Y de colarme en alguna obra como familiar de alguno!

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