Gracias por los días extraños

A veces hay días buenos, malos, regulares o simplemente días. También hay días raros. Y hoy ha sido, o está siendo, uno de ellos. Y como lo veía venir, porque pasa todos los años (y sé que en buena parte es profecía autocumplida, pero hay cosas que se pueden evitar poco, incluso cuando las sabes) he intentado mantenerme ocupada. Para no pensar mucho. Lo que pasa es que el cerebro sigue funcionando aunque estés ocupada intentando no ser aplastada por un mueble. Y entonces te paras y todo eso que no querías pensar, pero has pensado, brota.
Y recuerdas momentos y personas como si las hubieras visto ayer, aunque en realidad hace 18 años que no. O entradas de blogs ajenos que hablan de ti y de algo que te pasó con más claridad que si lo hicieras tú. O exámenes y pasillos que hace tiempo que no visitas. Y te das cuenta de que hay heridas que, en realidad, nunca curan del todo.
Y que forman parte de lo que eres. Y de cómo eres. De forma mucho más profunda de lo que pensabas. Y empiezas a ver esos pequeños hilos dorados que unen acciones y consecuencias. Y sigues tirando mientras hablas con otra gente, mientras intentas apartar la vista del telar. Y descubres otros hilos que solo confirman lo que ya sabias, pero esta vez con nuevas razones.
Hay días buenos, malos, regulares y extraños. Días en los que descubres la distancia que te separa con gente que antes era muy cercana. Y quieres acortarla, cruzar el océano que os separa, pero te das cuenta de que no sabes ni cómo empezar. Y que posiblemente ya sea demasiado tarde.
Hoy ha sido un día de echar de menos a gente. A algunos que siguen por aquí, medianamente cercanos. A otros cuyas vidas ya solo se cruzan con la mía de forma tangencial. Y a otros cuantos a los que ya no podré volver a ver.
Ha sido un día extraño. Y triste. Y, a pesar de todo, ha sido también un buen día. Porque he conseguido recordar risas, bromas, abrazos, billetes en pesetas, bailes, sonrisas, miles de sonrisas, mañanas de año nuevo con valses y nieve en la televisión, miradas inocentes desde un cochecito, noches llenas de mojitos y diciembres de 100 días. Porque me dan ganas de sacar la cabeza por la ventana y gritar al aire “¡Gracias!”. Por ser y por dejarme ser.

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Acerca de Tindriel

Geek, Freak, adicta a las series y los buenos libros, a veces creo que trabajo para poder seguir trabajando en mi tiempo libre.
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